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Difunta Correa

Oratorio de la Difunta Correa (Vallecito)

El Oratorio de la Difunta Correa es un lugar destinado a la devoción y veneración de Deolinda Correa, mayormente conocida como Difunta Correa. A partir de la década de 1940, su santuario en Vallecito (provincia de San Juan), al principio apenas una cruz situada en lo alto de un cerrito, se convirtió en un pequeño pueblo en el que existen varias capillas (17 en 2005), repletas de ofrendas.

Se conservan diversas versiones de la historia (leyenda), conforme la cual Deolinda Correa -ó Dalinda Antonia Correa, según el nombre con el cual aparece mencionada en el relato más antiguo (Chertudi y Newbery, 1978)-, fue una mujer cuyo marido, Clemente Bustos, fue reclutado forzosamente hacia 1840, durante las guerras civiles entre unitarios y federales. A su paso por la aldea de Tama provincia de La Rioja -donde vivía la familia-, la soldadesca montonera, que viajaba rumbo a San Juan, obligó al marido de Deolinda,contra su voluntad, a unirse a las montoneras, lo que hizo que Deolinda, angustiada por su marido, huyendo de los acosos del Comisario del pueblo, deseosa de reunirse con él en San Juan y de pedir clemencia, tomara a su hijo lactante y siguiera las huellas de la tropa por los desiertos de la provincia de San Juan, Argentina llevando consigo sólo algunas provisiones de pan y charque y dos chifles de agua. Cuando se le terminó el agua de los chifles, Deolinda se estrechó a su hijito junto a su pecho y se cobijó debajo de la sombra de un algarrobo; allí murió a causa de la sed, el hambre y el agotamiento. Sin embargo, cuando los arrieros riojanos Tomás Nicolás Romero, Rosauro Ávila y Jesús Nicolás Orihuela, pasaron por el lugar al día siguiente y encontraron el cadáver de Deolinda, su hijito seguía vivo, amamantándose de sus pechos, milagrosamente vivos. Los arrieros, que conocían a Deolinda puesto que eran vecinos de Malazán, donde ella era muy querida por sus virtudes y buenas acciones, la enterraron en las inmediaciones, en Vallecito, y se llevaron consigo al niño hacia La Rioja. En la primera jornada de camino, el niñito empezó a enfermarse y falleció. Los arrieros regresaron a Vallecito y lo enterraron junto a su madre. Otras versiones difieren acerca de la suerte que habría corrido el hijo de la Difunta; según una interpretación, habría sido criado por una familia del lugar y habría fallecido de viejo; según otra, “no se supo de la suerte corrida por el pequeñuelo” (Viviana Apolonia del Brutto en: “Símbolos y fetiches religiosos en la construcción de la identidad popular”, Rubén Dri (coordinador) Tomo 2, Buenos Aires, Biblos:2007).También existen diferencias acerca del marido de Deolinda; algunos versiones indican que lo mataron las montoneras, otras, que regresó después de ocho o diez años al que fuera su hogar.

Al conocerse la historia, muchos paisanos de la zona comenzaron a peregrinar a su tumba, donde posteriormente se construyo el oratorio que paulatinamente fue aumentando de tamaño. La primera capilla de adobe en el lugar fue construida por un tal Zeballos, arriero que en viaje a Chile sufrió la dispersión de su ganado y que después de encomendarse a la muerta, pudo reunir de nuevo a todos los animales.

Oficialmente, la devoción a la Difunta Correa no se trata de un culto, no existe ninguna religión “difuntacorreísta” sino una difundida devoción popular (no reconocida oficialmente por la institución católica).

Los arrieros primero, y posteriormente los camioneros, son considerados los máximos difusores de la devoción hacia la Difunta Correa. Serían los responsables de haber levandado pequeños altares en rutas del país. Los altares presentan imágenes de la escultura de la muerta, en los cuales se dejan botellas de agua, con la supersticiosa creencia, por parte de los devotos, de que supuestamente podrán calmar la sed de la muerta. La devoción por Deolinda Correa se extendió al sur de Argentina (Provincias de Chubut y Santa Cruz) producto de la oleada de familias del norte atraídas por el auge de la industria petrolera.

Las visitas al santuario se producen durante todo el año, pero son más frecuentes en Semana Santa, el día de las Ánimas (2 de noviembre), la Fiesta Nacional del Camionero, en Vacaciones de Invierno y para la Cabalgata de la Fe que se realiza todos los años entre abril y mayo. En las épocas de mayor afluencia puede llegarse hasta a trescientas mil personas; el promedio (año 2005) de los que peregrinan al santuario de la “Difunta Correa” en Vallecito es de 1.000.000 personas/año.

Como afirma Carina Zubillaga en su interesante articulo sobre el santuario, “El crecimiento incesante de la veneración popular se manifiesta de manera concreta en los exvotos que, como innegables testimonios devocionales, se multiplican año a año y revelan –en un sencillo cotejo de los cambios tanto cuantitativos como cualitativos del santuario con el paso del tiempo– el desarrollo de esta manifestación de religiosidad popular que trasciende, cada vez más, las fronteras provinciales y congrega a promesantes de múltiples y variadas regiones”. 

Igualmente, para ilustrar las imágenes de Gertie Jaquet realizadas en el santuario que les ofrecemos, conviene explicar los distintos tipos de exvotos, ofrendas y capillas que se pueden encontrar en el santuario:

Las capillas construidas por la Fundación Vallecito a lo largo de los años para albergar las ofrendas de los fieles reflejan el tipo de milagros más asociados a la figura de la Difunta Correa: la cura de los enfermos, testimoniada en la capilla que reúne muletas, prótesis y otras piezas similares; la protección de las viviendas, lo que se destaca en la capilla que contiene maquetas de variados tipos de construcciones; el amparo de los viajeros, lo que se atestigua en la cantidad de chapas patentes de vehículos y reproducciones de camiones y otros medios de transporte; y la ayuda a los novios que quieren casarse, lo que se comprueba en la que es quizás la más llamativa de las capillas.

En esa capilla, conocida como “capilla de las novias”, existen multitud de ofrendas de trajes y vestidos que se prestan –en un proceso actualizador simplemente impresionante– a aquellas novias prontas a casarse que los solicitan. También hay allí zapatos y numerosas placas de agradecimiento de los contrayentes, así como fotografías y cuadros de bodas que se superponen en una muestra que abarca desde décadas pasadas hasta celebraciones sumamente recientes, con semblantes, gestos y cuerpos que uno no conoce pero que irremediablemente lo acercan a la materialidad de la promesa cumplida.

Entre las ofrendas también se destacan numerosos trofeos deportivos: guantes de boxeo de varios campeones mundiales de la disciplina, pelotas y equipos de fútbol de clubes que han ganado competencias a nivel provincial y nacional, bicicletas de campeones argentinos, etc.

Llaman la atención, asimismo, las maquetas de casas y establecimientos, así como las reproducciones a escala de camiones, que testimonian el agradecimiento tanto de particulares como de empresas constructoras y del transporte automotor, lo que señala la magnitud y alcance de la devoción a la Difunta Correa y de los pedidos asociados a su poder milagroso.

Bibliografía:

-Chertudi, Susana y Sara J. Newbery. “La Difunta Correa”. En Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología 6: 95-178. Buenos Aires (1966-1967)

-Chertudi, Susana y Sara J. Newbery.  La difunta Correa”. Buenos Aires: Editorial Huemul (1978).

-Gentile, Margarita E. “Confluencias en la formación del relato y la gráfica de una devoción popular argentinaDifunta Correa (siglos XIX-XXI)”. En Espéculo: Revista de Estudios Literarios, ISSN 1139-3637, Nº. 41, 2009 (Consulta online).

-Silva Miranda, Karina y Cecilia Segura. “Religiosidad popular: la Difunta Correa, en la Provincia de San Juan”. Tesis para obtener el grado de Licenciatura en Comunicación Social, Buenos Aires (2008).

Varios. “Símbolos y fetiches religiosos en la construcción de la identidad popular”. Editorial Biblos (2007).

-Zubillaga, Carina. “El milagro del niño que se alimenta del pecho de sumadre muerta: de una vida medieval de Santa María Magdalena (Ms. Esc.h-I-13) a la leyenda argentina de la Difunta Correa”. Culturas Populares.Revista Electrónica 4 (enero-junio 2007), 13pp. (Consulta online). 

-Zubillaga, Carina. “La devoción a la Difunta Correa en el santuario de Vallecito (San Juan, Argentina): culto, identidad y religiosidad popular”. Culturas Populares. Revista Electrónica 5 (julio-diciembre 2007). (Consulta online).

 

Las imagenes que presentamos han sido cedidas por Gertie Jaqueta quien agradecemos sinceramente su aportación.

Los derechos de las mismas son igualmente propiedad de © Gerti Jaquet.

 

Imágenes (pinche sobre las imágenes para verlas ampliadas):

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